Agricultura tradicional y desarrollo actual

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Agricultura tradicional y desarrollo actual
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Al principio había el bosque primario. Había montes, arbustos, plantas y flores y los árboles majestuosos que cuidaban los suelos. Los cedros y robles quedaron en la etnohistoria del territorio raizal. Los gigantescos cauchos y ceibas talados. Y donde hubo jobos, kaimitos, tinkin tuo, cocoteros y vegetación de pantano plantaron decamarones y edificaciones de dimensiones inconexas.

Entonces las tierras 1 A las más fértiles, fueron convertidas en áreas las más pobladas, hoteleras y comerciales albergando a su vez la infraestructura aeroportuaria. Todo esto sobre todo al norte y el este de San Andrés.
Las huertas y sembradíos de subsistencia y las fincas y plantaciones otrora de naranjas y algodón y después de cocoteros, algunas sobrevivieron y en otras fueron creciendo viviendas y carreteras. Pero también abandonadas por los agricultores ancestrales o por sus descendientes, quienes ya no conocimos ni el kalabash, la berenjena o el soril y comimos, en cambio, los frutos enlatados y tomamos las bebidas kulied y gaseosas.
Los productos básicos de la canasta familiar raizal ya no brotan de la tierra sino de las panzas de aviones y de barcos. Dependientes y sin poder pagar muchas veces productos de primera necesidad por altos costos, tomó forma la inseguridad alimentaria.

Se abre la discusión sobre las consecuencias de una agricultura que no suple el mercado local y cómo afecta una dieta pobre a la comunidad raizal actual y futura.
Se siente la necesidad entonces de motivar la cultura del agro en las huertas, las fincas, los patios, terrenos baldíos, terrazas y balcones. No solamente las ventajas de la nutrición sino también por ganancias económicas en general y específicamente para independentistas laborales sin emplearse de mototaxista o de vendedor de sueldo mínimo. Hay gran demanda de frutas, verduras y tubérculos por parte de hoteles y residentes pero la oferta, el ánimo de comerciar los frutos propios y conocimientos de marketing no son suficientes, lo cual necesita de programas o iniciativas orientadas hacia agricultores y población como forma de mejorar la economía doméstica.

Se plantean dos preguntas primordiales, la una por el vacío intrageneracional de la transmisión del conocimiento del arte de cultivar la tierra no solo como medio económico pero también como memoria del patrimonio ancestral y, la otra por la enseñanza y divulgación de las técnicas y las tecnologías de labranza para optimizar terrenos escasos de nutrientes y para evitar la continuada degradación inminente de los suelos fértiles o semifértiles del territorio raizal.

Shuga kien

Caña para la molienda

 

Breve mirada a una etnoagricultura en el territorio raizal

Para 1793 no existía el monocultivo como tal, aunque era el algodón la razón de las exportaciones de los esclavizadores con grandes cultivos hacia naarteen y hacia el este de la isla mayor San Andrés. A las personas africanas y descendientes en manos de los europeos en las plantaciones les dejaban pequeñas parcelas a manera de autoabastecimiento para ahorrarse el tener que alimentarlos. En esa época se cultivaba akki, kalalu, kalabash, ponkin y la berenjena en abundancia y aún después de la llamada emancipación.

Hacia los años 1860 intereses ingleses y norteamericanos introdujeron el monocultivo de coco dándole un vuelco inesperado al marco económico y social conocido desde los inicios de la Trata de Esclavizados.
Al final de la primera década de los años 1900 fuertes huracanes azotaron grandes áreas de cocotales, siendo resembradas en su totalidad.

En el octubre de 1913, Emilio Eiton describe las faldas de las colinas de San Andrés todas sembradas de cocoteros y también lo que la vista abarcara. Este oficial de la marina colombiana documenta sobre el nuevo orden de bienestar y de riqueza fundamentado en esa única fuente de entrada económica. Observa la vida de la isla arraigada toda en la nuez del coco, desde el cultivo, la recolección y la exportación. Se queja de que no se cultivara otra cosa y de que no hubiera agricultura, solo algunas cepas de plátanos. Ni siquiera yuca o ñame, los que eran traídos desde Providencia. Y desde Estados Unidos traían maíz, fríjoles, papas, galletas y todo lo demás. Sin embargo, mantenían sembrados de naranjos.

En la misma anotación del mismo año Eiton relata que en Providencia había ganado, cría de cerdos y cultivos de caña con preferencia de venta en las tan cercanas Panamá y Nicaragua, donde eran vendidos a mejores precios.

Para 1930 las plantaciones de coco se vieron devastadas por pestes y ratones monteses. Y les sobrevino el abandono, no se volvieron a cuidar ni a mantener ni se volvieron a resembrar árboles de palmeras de coco.
A partir de 1953 se da inicio al verdadero olvido de las formas de cultivo ancestrales que hubieran sobrevivido a los cocoteros. Un nuevo hito en las islas con la implantación del comercio de mercancías de importación y productos de la canasta familiar transportados en avión y en barco desde el continente colombiano crea nuevas formas de concebir el arte de la agricultura que se había llamado tradicional porque había sido éste junto con la pesca el sector más importante de la economía.

En los umbrales del siglo XXI, un producto atávico de la cocina raizal como el coco y sus derivados son de difícil adquisición.

Plaantin

Sembradío tradicional

 

Algunos productos de las huertas, las fincas y los montes raizales

Entre las plantas, por excelencia, que en el territorio raizal ofrecen u ofrecían sus frutos dependiendo de la estación del año encontramos bred fruut (árbol que da pan), kaimito, jobo, tinkin tuo (cañafístola), aguacate, mango, kinep (mamoncillo), tambran (tamarindo), sauasap (guanábano), guaaba (guayabo), suiit arinch (naranjo), bit an suiit arinch (naranjo agrio), maami (mamey), plom (ciruelo), kokoplom, junplom, paapa (papayo), plaantin (plátano), banano, kien (caña), junbalin, (grosello), limonero, ikako, soril (flor de Jamaica), patilla, melón, yuka, ñam o yam (ñame), suiit pitieta (batata), ponkin (ahuyama) y mafafa.

Y entre las especias para darle el sabor característico a la comida raizal tenemos baazli, maryan, baskit pepa. Y entre las plantas para las bebidas calientes que sanan de cualquier enfermedad está la entrañable min tii.
Sabemos que se sembró traídos desde Jamaica akki, kaan (maíz), kalabash (calabaza), biins (fríjoles o frisoles), piis (arveja o peti pua), kalalu (espinaca), algo de tabako, berenjena (que todavía en los años 1960 se producía y consumía en Providencia y Santa Catalina islas) y anana (voz aymara y fruta también llamada piña traída desde los Andes por los aruak y que se expandió por los pueblos caribe y taino).

¿Cuándo y por qué se dejaron de cultivar? Creemos que sucumbieron a partir del auge de las plantaciones de cocoteros cuando los barcos iban cargados de la nuez hacia Estados Unidos y regresaban con estos productos en conservas o enlatados.

Algunos producto

Situación actual

Es una paradoja que los modos llamados tradicionales en los procesos de la siembra más actual en el territorio raizal sean el polo opuesto al arte de cultivar la tierra. Se trata de la costumbre de raspar el suelo en su totalidad, eliminando toda vegetación. La tierra, completamente desprotegida queda a merced de los elementos. Las brisas y las lluvias arrastran esa delgada capa vegetal y las candelas de los rayos solares carbonizan esa piel. También es perjudicial para esa capa prenderle candela a la vegetación que cubre los suelos. Sin embargo, algunos agricultores están convencidos de que esta es la manera idónea de preparar la tierra antes de la siembra.

Como resultado de lo anterior, los suelos han perdido calidad y capacidad para proveer de nutrientes a las cosechas. Hay amenaza de infertilidad. Asimismo, las épocas sin lluvia se han alargado o son inestables, no hay sistemas de embalse de agua cerca de las fincas y las técnicas de regadío no se han modernizado todavía. Todo esto hace más difícil y desmotivante el trabajo del labriego o de las personas que quieren usufructuar el sector agrícola.

Un problema actual grave es la superpoblación del territorio ancestral y con esto la falta de planificación o de licencias en la construcción de hoteles, viviendas, casas de vacaciones, caminos, carreteras y hasta túneles precisamente en las tierras aptas para el cultivo o que forman parte de la ecología que sustenta el biosistema general. El territorio raizal fue nominado reserva de biosfera por la UNESCO y existiría la entidad Coralina para protegerla.

No obstante, hay planes, iniciativas, programas e investigaciones interesantes para fomentar perspectivas económicas a partir del trabajo en el campo y existe alguna voluntad política desde el año 2012, después de la pérdida de espacios para la pesca. Quizás algunos hombres de mar quieran volver la mirada hacia la tierra.

Flora raizal en jardines

Flora raizal tradicional

Planes, cooperaciones e investigaciones para recuperar, reorientar y fomentar el desarrollo agrícola sostenible en el territorio raizal

Anhelando un paisaje más halagador para el territorio raizal, mencionaremos que la seguridad / inseguridad alimentaria constituye ya uno de los puntos en la agenda política, académica y de la población civil involucrada.
Una de las propuestas del actual gobernador del territorio raizal para el periodo 2016-2019 durante la campaña es muy diciente: “reactivar la agricultura de las islas siguiendo el modelo de siembra orgánica, así como fortalecer las cooperativas”. A partir de esta voluntad que se convertirá en acciones en su Plan de Desarrollo Departamental, se abren nuevos enfoques y motivaciones para orientar el sector del agro siguiendo los objetivos del desarrollo sostenible para un territorio de ultramar que carece de autoabastecimiento de alimentos. Es cierto que no le faltará a nuestros visitantes turistas los alimentos del paquete todo incluído ya que las cadenas de hoteles se suplen con sus propios aviones, tampoco a los viajeros de las hostales amantes del yogur y las bolsitas de papitas pero, a la población más empobrecida y de escasos recursos económicos. Entonces, la propuesta gubernamental podría convertirse en un gran proyecto legítimo digno de considerar e implementar en este cuatrienio y en los gobiernos venideros.

En un artículo de 2012 Sania Salazar Gómez reseña la tesis de investigación de Claudia Suárez Giraldo, que da cuenta de las frutas con potencial para la agroindustria en el territorio raizal. Este estudio se puede buscar en la bdigital de la Universidad Nacional de Colombia. Uno de los objetivos es incentivar el cultivo de estos frutos en relación con los usos y costumbres de los raizales para mejorar la salud alimentaria y la economía. Por su parte el profesor Lowy llama la atención sobre la producción de mango y de bred fruut, los cuales se pierden en grandes cantidades porque no se ha idealizado un marketing que les dé valor agregado. Añade que hay formas de mejorar la tierra y que ha tenido éxito la producción de tomates y pepino cohombro pero que falta solucionar el acceso al agua.

En el marco del anterior periodo gubernamental 2012-2015, el Plan de Desarrollo Departamental contemplaba entre sus programas crear un banco de germoplasma. Para cumplir su objetivo buscó asesoría técnica en cooperación con CIAT, que mantiene programas de forrajes, mercados, suelos, yuca, recursos genéticos y consultoría en hortofruticultura. Además posee un banco de germoplasma, donde se conservan las colecciones más completas del mundo en yuca, fríjoles y pastos tropicales, fundamentales para la seguridad alimentaria. Los científicos y expertos de este centro, estuvieron en San Andrés isla adelantando lo que sería un modelo de desarrollo agropecuario ajustado al territorio raizal. Todo esto apoyado por el compromiso político del gobierno nacional hacia el territorio. En todo caso en este artículo del año 2013 escrito por Adriana Varón, se señala que a partir de las evaluaciones y estudios precedentes, CIAT y la gobernación de San Andrés presentarían un documento a la presidencia de la república para que avalara y respaldara su implementación.

En un breve artículo del Instituto Geográfico Agustín Codazzi de finales de febrero de 2014 se documenta que expertos comenzarían a recorrer las islas con el fin de levantar información sobre los suelos y la vegetación de todo el archipiélago en aras de realizar los mapas pertinentes. Señalan la gravedad de la falta de patrones de siembra porque pelar o quemar los suelos degradará su calidad. Clave es que la información recolectada servirá como insumo para el plan de ordenamiento territorial POT, lo cual debería evitar la construcción en tierras de labranza.

Como señala Salazar Gómez, citada anteriormente, es misión de las autoridades locales incentivar la producción de frutas promisorias, ayudarles a las familias a construir planes de negocios en este sector y favorecer el acceso a una alimentación saludable.

 

Paradise farm de Job Saas

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